3/14/2011

Calzones nuevos para los novios



La escena es como sigue: estoy sentada junto a mi futuro marido en una de esas absurdas pláticas prenupciales que la iglesia exige para la boda católica. Entonces, el padre que impartía la charla tiene la ocurrencia de decir que esperaba que nosotras, las mujeres, hubiéramos comprado nuestra ropa interior muy linda para seducir a nuestros maridos. A mí el comentario me cayó como agua helada. Así que levanté la mano y sin dar tiempo de que el padre me viera, dije: “Y los hombres, ¿piensan llegar a la luna de miel con su ropa interior vieja?”

El silencio se impuso. Pero yo no perdí la oportunidad de terminar la idea. “Está claro que se espera que la mujer sea la que se vista para agradar a su pareja. Sin embargo, si todo se hiciera como dicta la tradición, nosotras seguiríamos aguardando a que los caballeros tomen siempre la iniciativa para tener sexo. Para mí, ninguna de las dos afirmaciones anteriores aplican en la actualidad.”

No sé quién estaba más sonrojado, si el hombre que se casó conmigo una semana más tarde o el sacerdote regordete a quien le descompuse su charla. “¿Ustedes se imaginan lo desagradable que es verlos con los calzones percudidos?”, volví a la carga con ganas de despertar a los bellos durmientes. “Nosotras también somos visuales y apreciamos una ropa interior limpia, nueva y, de preferencia, elegida para agradarnos.”

El sacerdote retomó la sesión como pudo y nada volvió a ser tan casto ni cursilón esa tarde. Sin embargo, el exabrupto valió la pena. Ignoro lo que sucedió con los otros novios, pero el mío llegó a la luna de miel con una maleta llena de trusas blancas muy Calvin Klein. Justo lo que deseaba.

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